RELIGIÓN EN EL SALVADOR

 

 

Este es el país más pequeño de habla hispana localizado en Centro América, el cual limita con Guatemala, Honduras y Nicaragua en el norte, este y sur respectivamente.  El Salvador, conocido por los indígenas como Cuscatlán (“Tierra de la Joya”), es un país espectacular lleno de volcanes, montañas y lagos, con una playa no interrumpida a lo largo de la costa del Pacífico.  La población total en el año 2000 se estimaba en 6.280.000 personas.  Véase el mapa de El Salvador.

 

Sin embargo, la mayor parte del territorio nacional ha sido deforestado por siglos debido a los desarrollos agrícolas y a la erosión de la tierra, afectando al 50% del país y haciendo que tenga el ambiente más degradado de la región.   La mayor parte de la vida silvestre del país ha desaparecido a causa de la destrucción de los bosques primarios y secundarios como resultado de la deforestación de los campos para crear pastizales y plantaciones de café y algodón.  Por otra parte, existe la necesidad de convertir la madera en carbón para cocinar, una práctica que todavía se utiliza entre la mayor parte de la población campesina, de la cual el 70% vive en pobreza.

 

Para 1525, Pedro de Alvarado, uno de los conquistadores más crueles, había dominado-–con extrema brutalidad-–a la mayor parte de la población indígena de Centro América.  El territorio de El Salvador formó parte de la Capitanía General de Guatemala durante el período  colonial español, y por un tiempo después de la independencia fue parte de la República Federada Centroamericana (1821-1838) hasta que logró su independencia completa en 1838.  La nación experimentó una serie de luchas políticas, asesinatos y revoluciones hasta 1886, cuando el mando de los conservadores produjo estabilidad política por los siguientes 45 años.  Durante este período las tierras indígenas comunales fueron privatizadas, convirtiéndose el café en la cosecha principal, y la oligarquía de los cafetaleros consolidó el control de la vida política, económica y social del país, estando compuesto por las “14 familias” legendarias.

 

La oligarquía y el ejército--la Guardia Nacional se creó en 1922-–históricamente ha estado detrás de la fachada democrática que este país ha construido basado en una serie de constituciones desde su independencia.  La competencia política entre la élite y una serie de salvajes dictaduras militares, crearon largas e históricas represiones militares, las cuales alinearon a los miembros de la pequeña clase media causando décadas de malestar entre las masas.  La serie de agitaciones populares que se dieron en los años 1930, resultó en la infame “masacre de 1932” en la cual cerca de 30.000 personas fueron brutalmente matadas por el ejército durante una marcha de protesta de campesinos hacia la capital San Salvador.  La historia de elecciones corruptas, desorden político y represión de disidentes causada por “las fuerzas públicas de seguridad” continuaron sin disminuir por décadas.  Durante los años 1960 y 1970, los líderes de la oposición empezaron a organizar un movimiento revolucionario lo cual llevó a una sangrienta guerra civil empezando en 1979, cuando la sociedad civil en general se reveló contra el régimen despótico apoyado política, económica y militarmente por el gobierno de los Estados Unidos de América (EUA).

 

Durante este trágico período de guerra civil, hubo alrededor de 80.000 personas muertas, más de un millón fueron desplazadas dentro del mismo país, y se estima en medio millón las personas que abandonaron el país.  La prensa internacional reportó una serie de masacres que sorprendieron al país y al mundo, lo que produjo que la opinión pública norteamericana empezara a inclinarse en contra del apoyo del gobierno al régimen represivo  salvadoreño, el cuál necesitó la continúa  ayuda de los Estados Unidos para ganar la guerra en contra del “movimiento revolucionario liderado por marxistas”.  Más de una docena de sacerdotes Católicos Romanos fueron matados por escuadrones de la muerte derechistas o por las fuerzas públicas de seguridad durante el período 1977–1991, incluyendo el sacerdote Rutilio Grande (1977), Arzobispo Oscar Arnulfo Romero (1980), y seis sacerdotes Jesuitas (1989) quienes se encontraban en la Universidad de Centro América, siendo ejecutado también el rector.  Además, en 1980, cuatro monjas católicas norteamericanas y trabajadoras laicas fueron  violadas y muertas por los militares, lo que llevó a que se suspendiera temporalmente la ayuda del ejército de los EUA a El Salvador.

 

Durante este tiempo, los escuadrones de la muerte, auspiciados por el gobierno, también  asesinaron a gran cantidad de líderes opositores-–políticos, empresarios, miembros de sindicatos, mediadores de reformas agrarias, profesores universitarios y estudiantes-–así como periodistas.  Por otra parte, los revolucionarios–liderados por el Frente Augustín Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN)--en una década de lucha abierta, respondieron matando a oficiales del gobierno, policías, militares y consejeros civiles estadounidenses, y otras personas que apoyaban al gobierno, incluyendo también a miles de soldados del gobierno.

 

Sin embargo, la mayor parte de las masacres que ocurrieron durante la guerra civil fueron atribuidas a las fuerzas de seguridad pública salvadoreñas, de acuerdo a una investigación realizada por organizaciones de Derechos Humanos, después de que terminara el conflicto en  enero de 1992, con la firma de un Acuerdo de Paz auspiciado por las Naciones Unidas.  Como parte de los Acuerdos de Paz, los militares y la policía fueron purgados por ser responsables de cometer abusos a los derechos humanos,  pero en realidad sólo unos pocos de los responsables de torturas y “ejecuciones extra judiciales” fueron llevados a juicio.  Después de que terminó la guerra civil, el FMLM se convirtió en un partido político legítimo y le fue permitido participar en un proceso democrático reestablecido, incluyendo las elecciones para alcalde, legisladores y presidente.

 

El Salvador ha sido testigo del progreso hacia un crecimiento de la economía y una estabilidad política durante los años 1990 y al inicio del siglo 21, a pesar de las fluctuaciones de la economía mundial que han afectado las exportaciones tradicionales (principalmente café y textiles), el sector manufacturero, el balance de pagos (déficit comercial y préstamos internacionales), turismo y otras áreas de la economía.  Uno de los factores más importantes de la economía en los años 1990, ha sido el crecimiento de las remesas provenientes del exterior enviadas por salvadoreños viviendo en otros países, lo que ha ayudado a que muchas familias sobrevivan, levantando la tambaleante economía de la nación.

 

Ahora, los problemas perpetuos de la estabilidad política, el desarrollo económico, reformas agrarias, seguridad sanitaria, educación, seguridad pública, reconstrucción y reconciliación, esperan ser atendidos por los líderes del país de una forma pacífica.   Todo esto se aguarda en una sociedad rota por odios históricos y conflictos entre la élite poderosa y las masas de campesinos pobres, siendo a la vez una nación confrontada por desastres naturales, tales como erupciones volcánicas, terremotos, huracanes, sequías e inundaciones ocasionales.

 

El panorama religioso del país también se ha dividido desde principios de los años 1900, con la llegada de varias agencias misioneras protestantes, principalmente de los Estados Unidos, y con la aparición de movimientos evangélicos nacionales, particularmente desde los 1960, lo que se ha convertido en un reto para la histórica posición dominante de la Iglesia Católica Romana en El Salvador.

 

Sin embargo, desde los años 1920, la Iglesia Católica también se ha dividido bastante internamente entre los que apoyan el status quo–-la alianza conservadora de la Iglesia y el Estado-–y los que han apoyado la agenda liberal y progresiva, basada en la definición de los derechos humanos de los sectores marginados de la sociedad-–llamada la “Opción Preferencial para los Pobres”--en el lenguaje del Concilio Vaticano II y el Consejo Episcopal Latinoamericano en Medellín, realizado en los años 1960.  También, el movimiento de renovación Católico Carismático ha presentado una tercera opción para muchos de los Católicos Romanos, cuyas familias fueron destrozadas por los conflictos armados y forzadas a reubicarse en otras latitudes geográficas debido a la guerra civil y a los conflictos internos entre los Conservadores, Liberales y Progresistas, tanto en la arena política como en la religiosa.

 

La historia del movimiento Protestante en El Salvador es diferente al resto de los países centroamericanos, en que los esfuerzos de las primeras misiones extranjeras fueron dirigidos desde el principio a la población de habla hispana.   En otras repúblicas, la presencia de inmigrantes de habla inglesa, principalmente de las Antillas Occidentales, a menudo sirvieron de puente cultural y lingüístico para los nuevos misioneros de los Estados Unidos en sus actividades evangélicas y para el establecimiento de iglesias, antes de involucrarse con las poblaciones indígenas o de habla hispana. 

 

Los primeros grupos Protestantes que entraron a El Salvador fueron la recién formada Misión Centroamericana (ahora conocida como CAM Internacional, con sede en Dallas, Texas), cuyos primeros misioneros llegaron en 1896; la Misión de Amigos de California (Cuáqueros) en 1902; los Bautistas Americanos en 1911; y los Adventistas de Séptimo Día en 1915, además del misionero canadiense Pentecostal, Frederick Mebius, quien llegó en 1904.

 

Para 1936, estos órganos de iglesias Protestantes estaban bien establecidos en El Salvador y habían logrado un notable éxito entre los mestizos (mezcla de españoles e indios) de habla hispana y el remanente de los amerindios quienes se establecieron en el territorio conocido ahora como El Salvador: los Pipiles (Uto Azteca), los Lenca (Micro Chibchan, el grupo indígena más grande del país) y los Kekchí (Mayas).  Los Cuáqueros desarrollaron un extenso ministerio entre los Kekchí en una región conocida como el Triángulo de las Tres Naciones (El Salvador, Guatemala y Honduras), el cual incluye la parte noroeste de El Salvador.  Sin embargo, en El Salvador los Cuáqueros no prosperaron tan bien como otros grupos Protestantes.

 

A pesar de experimentar altos y bajos, la asociación de iglesias CAM se ha convertido en una de las denominaciones no Pentecostales más grandes del país.  Desde el establecimiento de la primera iglesia en 1898 en Ilapango, cerca de San Salvador, esta denominación fundamentalista independiente había instaurado, para el año 1936, 21 iglesias y 83 centros de misión en ocho de los 14 departamentos, principalmente gracias a los esfuerzos de un equipo de misioneros estadounidenses y pastores salvadoreños.  En 1935, las iglesias relacionadas a CAM fueron organizadas bajo un consejo nacional de líderes y se denominó Iglesia Evangélica de El Salvador.  En 1978,  esta asociación reportó 83 iglesias, 32 misiones y más de 180 centros de predicación, con alrededor de 6.000 miembros.

 

La Sociedad Misionera Doméstica de las Iglesias Bautistas Americanas (anteriormente conocida como Convención Bautista del Norte) ingresó a El Salvador en 1911, donde muy pronto desarrolló su trabajo educativo y eclesiástico, especialmente en San Salvador y Santa Ana.  Para 1936, se había establecido una cadena de 19 iglesias y 50 centros de misión, con alrededor de 1.380 miembros.  Muchas de las iglesias estaban completamente bajo el liderazgo nacional y se empezó a trabajar entre los Pipil en la región de la costa oeste, cerca de Santa Ana.  La Asociación Bautista de El Salvador se organizó en 1934, pero el desarrollo de capacitación para líderes locales fue un lento proceso.  En 1978, la asociación reportó 41 iglesias con 3.665 miembros.  En los años 1970, muchos otros grupos Bautistas empezaron a trabajar en El Salvador, pero solamente dos tenían más de 1.000 miembros en 1978:  las Iglesias Bautistas Buen Samaritano con 15 congregaciones, la Iglesia Bautista de Miramonte con 16 congregaciones, las Iglesias Bautistas Bíblicas y la Misión Bautista Internacional.

 

En 1915, la Iglesia Adventista del Séptimo Día envió una pareja de misioneros a El Salvador, y en 1916 establecieron su primera iglesia en San Salvador.  Sin embargo, los Adventistas solamente reportaron cinco iglesias y 325 miembros en 1936, un esfuerzo que fue frenado a raíz de la competencia con el crecimiento de movimientos Pentecostales.  Para 1978, en todo el país habían 61 iglesias Adventistas y 59 centros de misión, con un total de 12.067 miembros.  Otros dos órganos relacionados con los Adventistas, también existían en El Salvador:  la Iglesia Adventista del Séptimo Día Movimiento de Reforma, fundado en 1956, la Iglesia de Dios del Séptimo Día y la Iglesia de Dios Israelita, cuyas fechas de fundación se desconocen.

 

En 1904, Mebius llegó a El Salvador y empezó uno de los primeros movimientos pentecostales en América Latina, conocida como las Iglesias Apostólicas de los Apóstoles y Profetas.  Esto ocurrió antes del mundialmente conocido avivamiento de la Calle Azusa, el cual empezó en Los Ángeles, California, en 1906, que se considera como el origen del actual movimiento pentecostal mundial.  La doctrina Pentecostal enseñada por el canadiense Mebius y sus asistentes salvadoreños se convirtió en la fuente de un gran trastorno dentro de las nuevas iglesias evangélicas salvadoreñas, y arrastró a Mebius al conflicto con los líderes de las iglesias relacionadas con CAM, los Bautistas Americanos y los Adventistas.  Mebius y sus colaboradores viajaron por todo el país en un ministerio de prédica itinerante que eventualmente introdujo a 25 congregaciones organizadas libremente con unos 750 miembros bautizados para el año 1930.  La obra independiente y desorganizada fundada por Mebius fue conocida como las iglesias apostólicas libres de los Apóstoles y Profetas, comparado con los grupos organizados que se formaron entre sus primeros conversos, tales como la Iglesia Apostólica de los Apóstoles y Profetas (1935) y la Iglesia Apostólica del Aposento Alto (en los 1930).  Dos otros grupos siguieron esta misma tradición,  la Iglesia Apostólica de Dios en Cristo (1950) y la Iglesia Apostólica de la Nueva Jerusalén (1977), así como muchas otras congregaciones independientes.  En 1978, habían por lo menos alrededor de 50 iglesias independientes con cerca de 3.200 miembros dentro del Movimiento Apostólico Libre, así como 114 iglesias y 5.500 miembros entre las asociaciones de la Iglesia Apostólica organizadas.

 

Después de la llegada de las Asambleas de Dios a El Salvador en 1929, se hicieron esfuerzos para ordenar esta gama de iglesias Apostólicas, pero este intento tuvo éxito a medias.  En 1930, 12 de estas iglesias se convirtieron en miembros fundadores de las Asambleas de Dios, cuyos misioneros entraron al país a solicitud de Francisco Ramírez Arbizu, uno de los pastores líderes del Movimiento Apostólico Libre.  Sin embargo, la mayor parte de los líderes Apostólicos Libres no querían someterse a la autoridad de las Asambleas de Dios en los Estados Unidos o a sus misioneros en El Salvador, por lo tanto mantuvieron su independencia teniendo solamente relaciones fraternas entre ellos.  Sin embargo, bajo la guía misionera de Ralph Williams, los grupos iniciales de las Asambleas de Dios fueron fortalecidos, se hicieron avances para lograr su propio apoyo y nuevas congregaciones y centros de predicación se formaron.  Para 1936, las Asambleas de Dios reportaron 21 iglesias y 14 centros de misión con 655 miembros y 965 adherentes.

 

Sin embargo, estas mejoras fueron solamente el inicio de un fenómeno de crecimiento entre las Asambleas de Dios en El Salvador, resultando en que este país sea un ejemplo por su trabajo misionero en América Latina.  Este sólido crecimiento se atribuye al uso de “los principios de la iglesia indígena o autóctona” que fueron enseñados a los líderes durante la administración de Ralph Williams y Melvin Hodges.   Hubo una explosión de crecimiento entre los años 1935 y 1945, cuando el número total de miembros creció de 684 a 2.560, seguido por una rápida expansión y crecimiento.  Para 1955, la cantidad de miembros llegaba a casi 6.000 nivelándose por unos cuantos años hasta llegar a 9.600 en 1970; y luego hubo un crecimiento explosivo: para 1978, la cantidad de miembros llegaba a 22.477.  En ese momento, las Asambleas de Dios reportaron 531 iglesias y 1.267 centros de misión y de predicación, convirtiéndola en la denominación Protestante más grande del país.

 

En retrospección, las Asambleas de Dios no ha estado inmune a los movimientos cismáticos, habiendo tenido varias fracturas durante los años 1960.  Por lo menos cinco asociaciones de iglesias fueron formadas por líderes quienes se apartaron de las Asambleas de Dios y empezaron sus propias organizaciones:  la Unión Evangélica Pentecostal (1954), la Misión Evangélica del Espíritu Santo (1960), Iglesia Evangélica Jardín del Edén (1962), la Misión Evangelizadora de la Voz de Cristo (1969, la de mayor tamaño entre estos grupos), y la Iglesia Evangélica Pentecostal de El Salvador (1974).  Estas cinco asociaciones tenían un total de 62 iglesias y 2.830 miembros en 1978.

 

La llegada de la Iglesia de Dios (Cleveland, Tennessee) a El Salvador en 1940 tiene que ver con una colaboración entre el Reverendo H.S. Syverson, el Superintendente General de la Iglesia de Dios en Centro América, y Mebius quien aceptó una oferta de trabajo con sueldo bajo los auspicios del anterior, aunque por supuesto existían algunas diferencias doctrinales obvias entre las tradiciones de las dos iglesias.  Sin embargo, Mebius trabajó con la Iglesia de Dios por varios años, hasta su muerte en 1944 a una edad avanzada.  Entre otras, la Iglesia de Dios envió a varios misioneros de corto plazo para ayudar a Syverson en El Salvador durante los años 1940 y a principios de los 1950, y no fue hasta 1953 que se asignaron otros misioneros.  El crecimiento de los siguientes 20 años muestra un patrón de expansión y desarrollo consistente por parte de la Iglesia de Dios en El Salvador.  Para 1970, había 117 iglesias y 78 centros de misión con alrededor de 4.300 miembros; y para 1978 la obra había crecido a 170 iglesias y 50 misiones con 9.850 miembros en total.

 

Otras denominaciones Pentecostales también empezaron a trabajar en El Salvador en el período 1950-1980.  La Iglesia de Dios Pentecostal de Nueva York y la Iglesia de Dios Pentecostal de Puerto Rico, ambas relacionadas históricamente con las Asambleas de Dios en Puerto Rico, llegaron en 1966.  La Iglesia Evangélica Príncipe de Paz de Guatemala empezó su obra en El Salvador a principios de los 1960.  La Misión Cristiana Elim de Guatemala llegó a finales de los 1970.  La Iglesia de Dios de la Profecía llegó en 1950, pero esta denominación, llamada en El Salvador la Iglesia de Dios Universal de la Profecía, ha tenido varias divisiones: la Iglesia de Dios Santo Sión (1952), la Iglesia de Dios de la Profecía Fuente de Vida (1969), la Iglesia de Dios Fundamental de la Profecía (1972), la Iglesia de Dios de la Profecía Santo Sión (1974), y la Iglesia de Dios de la Profecía Ciudad Sión (también en 1974).  El número total de miembros de estos grupos divididos era 9.871 en 1978 con 175 iglesias organizadas, mientras que la iglesia madre reportó sólo 38 iglesias y cuatro misiones con 1.726 miembros en 1978.

 

El movimiento unipentecostal (de “Sólo Jesús”) está representado en El Salvador por dos denominaciones:  la Iglesia Apostólica de Fe en Cristo Jesús (1948) y la Iglesia Pentecostal Unida (1975).  La primera tuvo 33 iglesias, 25 misiones y 600 miembros en  1978, mientras que la última tuvo 47 iglesias y misiones, 372 centros de predicación y 2.400 miembros. 

 

Otras denominaciones no pentecostales en El Salvador incluyen las siguientes: la Iglesia Luterana-Sínodo de Misuri (1953), las  independientes iglesias de Cristo (1963), la Iglesia del Nazareno (1964), la Misión Mundial Unida, los Hermanos de Plymouth, la Iglesia Evangélica Menonita, la Iglesia Cristiana Reformada, y muchos otros grupos pequeños.

 

Además del rápido crecimiento de las denominaciones evangélicas durante las últimas décadas, El Salvador también ha sido testigo de la  llegada de grupos Cristianos Marginales procedentes de los EUA, tales como los Testigos de Jehová, los Mormones, el Ministerio de Iglesias Creciendo en Gracia, la Escuela Unida de Cristiandad y los Cristadelfianos; la Iglesia Luz del Mundo de Guadalajara, México; la Congregación Mita y la Voz de la Piedra Angular de Puerto Rico; la Iglesia Dios es Amor y la Iglesia Universal del Reino de Dios de Brasil, entre otras.

 

También, han aparecido unos cuantos grupos no cristianos, uniéndose a la presencia histórica de la comunidad judía que llegó de España durante el período colonial o de otros países europeos, principalmente después de la segunda Guerra Mundial.  Otras iglesias no cristianas en El Salvador incluyen Islam, Budismo y muchos grupos relacionados al Hinduismo:  la Misión Sawan Kirpal Ruhani (Ciencia de la Espiritualidad), la Asociación de Meditación de la Maestra Ching Hai (tradición Sant Mat), y la Sociedad Internacional para la Conscientización de Krishna (conocido como los Hari Krishnas).

 

Dos encuestas de opinión pública pinta una imagen de la presente afiliación religiosa en el país.  La primera fue conducida en 1988 por investigadores de la Universidad Centroamericana en San Salvador, la cual revela que el 67,1% de la población total es Católica, 16,4% Protestante, 4,8% de otras religiones, y 14,7% de los que no tiene religión o no responden.  La segunda fue realizada en 1995 por CID-Gallup y mostró que los Católicos componen 67,8% de la población, los Protestantes 16,8%, otras religiones 2,3% y los que “no tienen religión o no responden” llegaban al 13%.  Ambos estudios tienen un margen de error de más o menos 3%.  Estos estudios revelan que no se han realizado cambios significativos en la afiliación religiosa desde mediados de los 1980, aunque un estudio Evangélico publicado en 1993 reclamaba que la población Protestante era más del 30% de toda la población (que es muy dudable) y consistía en más de 4.200 congregaciones y 514.286 miembros bautizados.

 

Dr. Clifton L. Holland

 

FUENTES:

 

Brierly, Peter, editor.  World Churches Handbook.  Londres: Christian Research, 1977.

 

CONESAL.  Despertar ’93:  El Desarrollo de la Iglesia Evangélica 1982-1992 y los Desafíos para el Año 2000.  San Salvador, El Salvador:  CONESAL, 1993.

 

Holland, Clifton L., editor.  World Christianity: Central America and the Caribbean.  Monrovia, California:MARC-Wordl Vision, 1981.

 

Read, William R., et al.  Latin American Church Growth.  Grand Rapids, Michigan:  William B. Eerdmans Publushing Company, 1969.

 

Sobrino, J. et al.  Companions of Jesus: the Jesuit Martyrs of El Salvador.  Maryknoll, Nueva York: Orbis Books, 1990.

 

UCJSC.  “La Religión para los Salvadoreños”.  Serie Informes, No. 17.  San Salvador, El Salvador:  Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, 1988.

 

Wilson, Everett A. “Sanguine Saints:  Pentecostalism in El Salvadorin Church History 52 (June 1983): 186-198.